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miércoles, 27 de junio de 2007

El Nuevo FJR

(Frente de Juniors Revolucionarios)
Por Miguel Ángel Villarino Arnábar

Cuando de salvaguardar al PRI se trata, Don Salvador del Sagrado Corazón de Jesús López Espínola no anda por las ramas, va directo al tronco. No hace mucho, su curtido olfato político detectó entre la Mafia Aristocrática campechana algunos brotes de deslealtad y, veloz cual trámite burocrático, el también presidente de la Comisión Estatal de Procesos Internos lanzó esta advertencia: "No se vayan con la finta con la nueva derecha que regala delegaciones federales a hijos de priístas para ganar espacios en el 2009".
Como el escribidor está dotado de un Sistema de Traducción Simultánea (STS), puede revelarles que la finta a la que refiere don Salvador es una chamba de no malos bigotes, con salario de más de cien mil pesos, departamento, automóvil, chofer y un póster autografiado de Juan Camilo Mouriño. Si la cosa fuera conmigo, que me finten cuando les dé la gana, pero esas fintas no brincan en mi petate ni el mensaje estaba dirigido a gente como yo, provinciano e incrédulo de la Nueva Grandeza, sino a los hijos de los que nos gobiernan y que con tanto sacrificio y honestidad han construido este Campeche que es… (amable lector, complete la idea bajo su propio riesgo) de México, y de México el Campeche del mundo.
Ahora bien, como es sabido universalmente, la principal preocupación existencial de Raúl Pozos es cuidarse el cabello, pero en sus ratitos libres finge como presidente del Comité Estatal del PRI. Por una mera cuestión probabilística, la voz de alarma de don Chavito debe haberlo sorprendido esculpiéndose sus crines, y supongo que al instante tiró gel, peine y pistola de aire para salir volado a representar su función de dirigente partidista. Como ya nos enteramos, resolvió el asunto con la sagacidad que le es habitual: armó una reunión con la “juniorcracia” campechana, evento que representa una larga y robusta inyección de fe, esperanza y devoción para los anónimos y sacrificables integrantes del verdadero Frente, el Juvenil Revolucionario.
Entre otros de rancia alcurnia, los invitados fueron: Carlos Felipe Ortega Pérez, Jorge Luís González Ruiz, José Ángel Paredes Cruz, primogénito del presidente del Tribunal Superior de Justicia; Jorge Osorno Rendis, hijo del ex dirigente estatal del PRI; Jorge Abraham Azar Osorno, retoño del ex gobernador Jorge Salomón, y la hija del ex gobernador Antonio González Curi, Tania, y aquí brinca, salta y se revuelca una pregunta: ¿por qué no asistió su hermanito Gonzalito a la reunión? Alguien que no sabe un caraxo de política aventuró que lo están cuidando porque es el tapado para el 2015.
Ya en el convite, Raúl Pozos, sublime orador, dijo: “Podemos hacer un equipo muy chido, los invito a que conozcan la nueva cara del PRI, que ahora no son sólo discursos y que hay cosas que les pueden latir”. No entiendo: si la nueva cara tricolor ya no es sólo discursos, entonces ¿cuál era la vieja cara, al parecer recientemente desaparecida? ¿Darnos atole con la lengua, carnalito (perdón por el lenguaje pero lo Pozos se pega?
Como Raúl Aarón es un caso perdido para todo intento de argumentación coherente, cambiemos de sintonía. ¿Qué diferencia a los jóvenes invitados a esta tertulia de los otros que han luchado por espacios políticos dentro del PRI y les han dado sólo discursos? ¿Acaso sus geniales propuestas? Veamos.
Carlos Felipe Ortega Pérez, heredero de las asombrosas facultades discursivas de su progenitor, expuso que “a través de familiares y amigos se atraiga a cientos de simpatizantes priistas, donde la suma y la multiplicación sean los factores aritméticos que los ayuden a realizar un trabajo responsable dentro del partido”. Eso de “factores aritméticos” está rete bien chido (insisto, lo Pozos se pega), aunque el planteamiento carece de un detallito, una cosita de nada que ha preocupado a los políticos desde siempre: ¿Cómo lograrlo? Si lo sabe, que no sea mala onda y le pase corriente a su papá, a quien le urge sumar aunque sea una decena de seguidores.
Jorge Luís González Ruiz, con el pragmatismo aprendido en casa, no se anduvo con rodeos: “Estamos seguros que se van a tomar en cuenta nuestras opiniones, porque no sólo somos jóvenes priistas sino también profesionistas y algunos funcionarios y empresarios”. Tiene razón, claro que les harán caso. Porque no es lo mismo que las opiniones provengan del joven priista, profesionista y empresario Juan de los Palotes que del hijo de uno de los que, en el momento que se le hinche, destituye de su cargo a Raúl con una patada en salva sea la parte y adiós mundo gel.
Otro más declaró: “Es una buena idea seguir jalando gente de todos lados para hacer más por el PRI”. Lo nunca visto: un partido político trabajando en reclutar militantes. Si no conociera el agua tibia, este feliz descubrimiento me parecería el más grande de la historia.
“En política, la percepción es la realidad”, dicen. Existe entre los campechanos la idea de que el PRI-Gobierno es un envase cerrado, y por la triste situación que vive la entidad, un envase cerrado al alto vacío. Lo deseable sería romper con esa apreciación aunque fuera simulando una apertura que impida la estampida de simpatizantes hacia otras ofertas políticas. Pero reuniones como esta, que profundizan la impresión de una clase política refractaria y elitista con alucines hereditarios, la cosa va por mal camino. No queda más remedio que citar al maestro Orwell: “En esta granja todos los animales son iguales, pero hay unos animales más iguales que otros”. Me late que sí (y dale con lo mismo, las pozoladas son tremendamente contagiosa).

Aplausos o mentadas a: mvillarinoa@hotmail.com

jueves, 14 de junio de 2007

Nos hacemos tontos

Pildorita de la Felicidad 12-06-07

Por Rodrigo Solís.

"El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. Podrás llamarlo un error de juicio ."
- Phillip K. Dick

"No consuman drogas, porque si consumen drogas vas a ir a la cárcel, y las drogas son muy caras en la cárcel ."
- John Hardwick

Cuando uno ve que su presidente es un tipo chaparrito como un Pitufo, de escasa cabellera y que porta lentes de nerd, uno piensa, bueno, entre éste y cualquiera de los otros cuatro personajes bizarros que estuvieron en su momento contendiendo a la presidencia del país, me quedo con el chaparrito. Pero cuando nuestro menudo personaje se pone la banda presidencial (la cual al parecer tiene la cualidad estrambótica de volver loco a quien la porta por seis años) y se convierte oficialmente en nuestro Presidente, y decide como primera medida de su mandato declararle la guerra al narcotráfico, a uno inevitablemente le entran las dudas postelectorales, igual y hubiera sido mejor regresar a la dictadura que nos calló la bocaza durante más de setenta años, o hubiera sido preferible elegir a una izquierda cutre, barata y populista. Y es que, ¿de cuándo a acá es nuestra prioridad, es decir, es la prioridad de un país tercermundista combatir al narco? Quizás si nuestro actual querido Presidente en su campaña presidencial nos hubiera dicho que su prioridad era enfrascarse en una carnicería contra los narcotraficantes igual y no votábamos por él; igual y sí, pero por Dios, ¿cómo se van a sentir intimidados los malosos que distribuyen la droga si su Presidente –porque créalo o no, también es su Presidente- les declara un duelo a muerte disfrazado con una chamarra del ejercito que le queda gigante? Que yo sepa, el único nerd cuatro ojos que ha podido llegar realmente a intimidar a gente perversa y malvada es Harry Potter, y eso porque Harry es un mago, vive en un mundo de fantasía y jamás salió a un combate a muerte con una túnica tres tallas más grande.

¿Saben cómo se acabaría el consumo de drogas en México? Les juro que no es como cree nuestro querido Presidente. Él cree, o eso nos está haciendo hacer creer que cree, que con su guerra y una estela interminable de cadáveres, hará valer el viejo y popular dicho: "Matando al perro se acaba la rabia". Pero se equivoca. Les repito, ¿saben cómo se acabaría el consumo de drogas en México? Fácil. No consumiéndolas. Claro, muchos pegarán el grito en el cielo asegurando que es una locura, pero miren, si nos dejáramos de hacer tontos, que nos encanta hacernos y pareciera que ese es el deporte nacional de este país, las cosas serían muy diferentes. Es decir, tenemos dos caminos. El primero de ellos es el de dejar de consumir drogas partiendo de la educación. Esa palabra que a los políticos parece sentarles tan mal como a Superman la kryptonita. Si realmente nos dejáramos de hacer tontos nos percataríamos de que nuestros pequeños retoños al regresar a casa por las noches tienen las pupilas dilatadas no precisamente por estar frente a la pantalla del cine tres horas viendo a los Piratas del Caribe. O tal vez nos diéramos cuenta de que ciertas casas en nuestra propia colonia todos los días recibe a ciertos visitantes que solamente se detienen un par de minutos y se marchan. O quizás si no estuviéramos tan embrutecidos y embelesados contemplando el nuevo idilio carnal en el que se han metido las putizorras de las telenovelas nos daríamos cuenta de que nuestra propia casa es a donde ciertos visitantes llegan un par de minutos y se marchan, mientras nuestros lindos querubines con celular en mano y block de notas en la otra van tomando nota de ciertos pedidos como pueden ser dos camisetas del Real Madrid, dos camisetas de la Selección Mexicana, etcétera, etcétera. ¿Acaso sus pequeñas criaturitas han montado una tienda de deportes? Seguro que sí, por eso siempre cargan dinero en los bolsillos a pesar de no dar un golpe en la vida. Les digo, es más fácil hacernos tontos. Y es que, ¿cómo pretendemos ahora que nuestros jóvenes –esos jóvenes que durante tantos años nuestros políticos cacarearon eran el futuro de este país- no consuman drogas (o la distribuyan) para mitigar esa tremenda soledad y desasosiego en el que crecieron, donde sus grandes maestros fueron la televisión, las revistas de cotilleo y el Internet? Esos mismos jóvenes analfabetos –muy a pesar de que su certificado diga que aprobaron la preparatoria- a los que en su vida les presentaron un libro, una obra de teatro, una pintura… Luego entonces no nos debería extrañar que su único motivo en la vida sea emular a Paris Hilton, Lindsay Lohan y Britney Spears (mis queridos jinetes del Apocalipsis), mismas que están en todas partes siendo el modelo a seguir, drogadas, estrellando automóviles, intentando suicidarse, encerradas en una clínica de rehabilitación o recluidas en la cárcel.

El otro camino que nos queda, el cual considero por sentido común es el más viable, pues la guerra está más que perdida en eso de querer educar ahora a esos jóvenes que durante tantos años nunca fueron educados como era debido, enseñándoles por ejemplo que una película de Woody Allen o un libro de Harry Potter son más divertidos que una tacha o un ácido, es la legalización de las drogas. El que quiera envenenarse que se envenene, y el que no quiera pues que no lo haga. Una persona bien educada, formada con un criterio amplio y armado con el sentido común –ese que es el menos común en las personas- desde luego que estará tentado a ir a la farmacia de su colonia con sus amiguitos a comprar unas buenas rayas de coca, pero su misma formación ética e intelectual le hará ver que su nuevo pasatiempo es divertido, pero una diversión que le costará la vida tarde o temprano si es que decide meterse rayas con la misma frecuencia que sus tías ven las telenovelas. Es ahí cuando una persona puede apartarse de las drogas o consumirlas esporádicamente si es que cierta situación o evento lo amerita, o qué diablos, consumirlas con moderación, pues ¿acaso no dicen eso en los anuncios de cerveza, que se tome con medida, en letras bien chiquititas y transparentes en el rincón más oculto? Y no me digan que el alcohol no es una droga, porque ya vimos lo lindo e interesante que se puso el mundo cuando prohibieron la venta de alcohol. Si no, pregúntenle a las mafias cómo se hincharon de billetes los bolsillos al tiempo que se descuartizaban con la policía, lo cual no sé por qué me recuerda a lo que esta pasando ahora con la droga. Es por eso que si legalizaran las drogas (todas las drogas) nos evitaríamos tantas muertes inocentes y no tan inocentes. En vez de ver en los noticiario los reportajes sangrientos de cómo se acribillan policías, soldados y narcotraficantes, veríamos los anuncios que patrocinan a esos noticieros diciendo: "Cocaína Pfizer, nunca es tarde para redescubrir el sentido de la vida", "Tachas efervescentes Bayer, alivio a tu soledad casi instantáneo", "Marihuana del Doctor Simi, a mitad de precio por el mismo efecto". Incluso estas grandes farmacéuticas podrían patrocinar a la Selección Mexicana de fútbol, y el Kikín Fonseca tendría nuevamente la oportunidad de salir en los anuncios de la televisión así como cuando lo hizo en las elecciones presidenciales azuzando a los votantes futboleros para que votaran por nuestro actual mandatario, anunciando algo como "Ácidos XL3, con ácidos XL3, adiós al aburrimiento en un dos por tres".

¿A poco no sería genial?

¿A poco no es más fácil hacernos tontos, saltarnos la primera página de los periódicos donde todos los días aparecen las fotografías de gente masacrada por esta estúpida guerra contra el narcotráfico e irnos a la sección de sociales o de deportes donde aparece la foto de alguna estrella de la farándula o del fútbol –que viene a ser lo mismo- ensanchando la sonrisa, antes que sentarnos junto a nuestros hijos y emprender ese tortuoso calvario que es educarlos como es debido?

A que sí. Les digo, nos hacemos tontos. ¿Verdad, Felipe?

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