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lunes, 8 de agosto de 2011

SOMOS EL PATITO FEO

SR. PRESIDENTE… ¿POR QUE NO QUIERE A CAMPECHE?

Por: ROMINA E. VALLADARES CEJAS

En innumerables ocasiones, ha surgido la pregunta sobre el ¿el por qué Campeche no ha logrado el crecimiento económico y social comparado con Tabasco y Yucatán?, ello, a pesar de las carencias e inconformidades que pudiesen existir en las vecinas entidades, siendo el nuestro, un Estado rico en recursos naturales, historia, cultura y destacando inclusive, la importancia de la tan citada aportación en materia de hidrocarburos desde la década de los 80’s con un agonizante Complejo Cantarell, pero que dio y mucho, confirmando que de ésta zona ha sido posible dar una aportación del 72% de la productividad nacional.

Si bien es cierto que cada uno de los estados de la República Mexicana merece de la asignación de recursos y de la ejecución de acciones necesarias para su desarrollo, ha resultado lamentable que durante décadas, el Estado de Campeche avanza a pasos más que lentos, mientras ve pasar la entrega de apoyos, las asignaciones presupuestales y la realización de magnas obras que contribuyen a su desarrollo en las entidades vecinas, pero que a diferencia de corregir la política pública tan criticada por el actual partido en el poder, poco ha hecho para cambiar ésta realidad en la entidad.

En efecto, no ha sido un secreto que Campeche ha sido, desde antaño, injustamente tratado por la Federación. Yucatán cada día avanza en desarrollo productivo, social, turístico y el impulso que en materia de promoción de inversiones ha ido más allá de los límites internacionales, sobreviviendo incluso a la añeja quiebra de la industria henequenera que representaba pieza clave en su economía y gracias todo ello, no sólo al ingenio de los propios yucatecos, que dicho sea de paso, resultan geniales en la realización de proyectos innovadores, pero que la liberación de subsidios y el trato especial que han recibido desde siempre, les ha permitido forjar un Estado rico y en continuo crecimiento.

De Tabasco, ni se diga. A pesar de registrar los estragos de catástrofes climatológicas que han dado al traste con sus producciones platanera, cacaotera y las pérdidas originadas por ésta causa en la ganadería, producto de por lo menos dos severas inundaciones registradas durante los 15 años recientes, ha logrado al paso de los años no sólo una asignación de recursos provenientes por Petróleos Mexicanos de mayor nivel que Campeche, contar con una capital del el estado con una infraestructura urbana en constante remodelación y crecimiento, que ya la quisiera en sus mejores días la entidad, donde los pasos a desnivel, los puentes de concreto hidráulico y la prestación de servicios a gran escala, parecen estar vetados para los campechanos.

Todo ello se hace con dinero, indiscutiblemente. Mientras Ciudad del Carmen ha sido categorizada como zona de vida cara, sin que exista la nivelación de los salarios para la clase trabajadora ajena a la actividad petrolera (porque no es el 100% los que se dedican al ramo) acción que les permitiría lograr el poder adquisitivo propio a la categorización aplicada, nuestros vecinos tabasqueños disfrutaron durante años de tarifas mínimas en el servicio de energía eléctrica. Yucatán por su parte, subsidio más subsidio, asignación más asignación y el respaldo total luego de los estragos de “Gilberto” a fines de los 80’s, merecidos por supuesto, pero que motivaron a la reflexión a miles de campechanos sobre la desigualdad injustamente aplicada, parecen tener sólo un origen: la conveniencia partidista con fines políticos que debieran resultar ajenos en el ejercicio del poder público del Ejecutivo Federal.

El Presidente en turno, parece temer la ira de Andrés Manuel López Obrador , la vocación perredista de gran parte de la población y del propio temple de los tabasqueños. Con ellos no se juega. Se han hecho respetar por la Federación y hoy disfrutan de los resultados de ésa lucha constante.

Yucatán es una entidad que merece respeto a la Federación. Tampoco con el pueblo yucateco se juega. Más claro ejemplo, la intentona fallida de que Petróleos Mexicanos asentara sus reales en ésa entidad con fines de exploración durante el sexenio de Vicente Fox. Yucatán manifestó su repudio y fue… No rotundo.

_”A Campeche…hasta los huracanes nos brincan”…decía el querido amigo y recordado periodista Oscar Alberto Pérez García “El Campechano” (por supuesto que antes de “Opalo” y “ Roxana”), refiriéndose a la marcada discriminación en la entrega de apoyos e inversión para las entidades del sureste mexicano, donde nuestra entidad, indiscutiblemente, como a la fecha, se mantiene en desnivel.

Salió el PRI de Los Pinos. Los más firmes detractores de ése instituto político, al llegar al poder, representaban la posibilidad de que algo cambiara. Siquiera que el “cambio” prometido fuese realidad. Paso nada específico para Campeche. No sólo el negado incremento significativo a las aportaciones federales y provenientes de PEMEX a la entidad, sino la manifiesta lucha política por buscar el control en los colores, los emblemas, mientras la productividad, el empleo y el crecimiento social… mantenían su ausencia histórica.

Con el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, la situación ha sido distinta, en efecto. Pero hacia lo negativo. Con visitas a la entidad que resultaban necesarias y no porque signifique a un mandatario que acude a un estado para escuchar, respaldar y trabajar por su desarrollo imparcialmente, sin distingos de colores, de partidos ni ideologías, parece con su actitud que es mayor cada día su rechazo a Campeche y los campechanos, pese a que fue en ésta entidad del sureste mexicano, donde el respaldo, principalmente financiero, a su crecimiento político, que lo llevo a ocupar la máxima magistratura, tuvo aquí su origen.

Negativa a la instalación de una refinería en la zona más petrolera del país. Pero carta blanca a la pretensión de construir un penal federal, propuesta aguerridamente rechazada por los campechanos pues la poca riqueza aún queda es la tranquilidad y paz social que hubiese sido amenazada por ésa errada decisión, confirmar la desventaja y el corroborar que, verdaderamente, Campeche no se encuentra en los afectos del Sr. presidente.

Sin embargo, no debe olvidar que es presidente de todos los mexicanos. Incluido Campeche y los campechanos. Tierra en la que guarda afectos, donde vivió y creció políticamente el más cercano de sus amigos, Juan Camilo Mouriño Terrazo, de quien por supuesto, en la entidad se lamentó su pérdida, pero que la entidad misma no resulta responsable de ésa pérdida, ni tampoco de que el proyecto electoral deseado por el partido en el que milita no logró obtener lo planeado.

Campeche y sus 11 municipios han vivido transformaciones políticas y sociales. Pero un lento desarrollo, pues para impulsarlo, se requiere de dinero. Campeche merece el respeto de la Federación y sus gobernantes, el que no se demuestra cuando la empresa “de todos los mexicanos” ni siquiera cumple con la entrega de recursos convenidos en tiempo y forma.

La prudencia y el respeto a las instituciones han sido características de Campeche y sus mandatarios. Se ha pedido prudencia, paciencia, unidad y se ha brindado la confianza de que habrá mayor justicia para la entidad. La respuesta sigue a la espera.

No es posible determinar la política pública de un estado en base al resultado electoral logrado. No se debe. Pero tal parece que si se puede. El rechazo a la entidad no sólo inquieta y preocupa, desalienta y genera impotencia en el ánimo de la ciudadanía que harta está de las promesas incumplida. De ver crecer a dos gigantes a su lado. Si todo esto es equívoco, sólo gustaría saber el por qué mantener la discriminada actitud de la Federación hacia la entidad. Y por supuesto, surge la pregunta, si es distinta la respuesta… ¿Sr. presidente… por qué no quiere a Campeche?.

lunes, 4 de julio de 2011

RIESGO LATENTE: LA CALLE 59

KY59 EL CAPRICHO DE ROSADO RUELAS

Sin tomar en cuenta la opinión de la mayoría de los vecinos y comerciantes, de alguna manera afectados con la semi peatonalización de la Calle 59 del Centro Histórico de Campeche, el alcalde, Carlos Ernesto Rosado Ruelas, usó todo tipo de triquiñuelas para realizar este proyecto, pese a que desde que los vecinos se enteraron se opusieron al desarrollo de dicha obra, no fueron tomados en cuenta para hacer las adecuaciones, no se solicitaron los permisos de riesgo de contingencia ambiental y, caprichosamente, se omitió información que sin lugar a duda demostraba que ese proyecto no se justificaba por las afectaciones a todos los que viven o tienen sus comercios en la citada calle.

MAÑAS PARA LOGRAR EL PERMISO

Aunque Rosado Ruelas y su Director de Obras Públicas aseguran que “el proyecto de peatonalización de la Calle 59 data de hace 20 años y tocó a ésta administración municipal llevarla a cabo, y así se hará aún con la inconformidad de unas cinco o seis personas, porque contamos con el aval de la mayoría de los vecinos que viven sobre esa arteria, y porque contamos con todos los permisos del INAH”. Esto suena a una gran mentira, hace veinte años el presidente municipal de Campeche era el actual diputado local Jorge Luís González Curi, pero ni en la documentación de sus informes, ni en sus anexos estadísticos, mencionan la existencia de un proyecto de ese tipo en la calle 59, de hecho si así hubiera sido, González Curi, ya habría certificado lo dicho por Rosado Ruelas.

El asunto es que desde al año 2009 el Arquitecto Antonio Julián Yañez Tun, del Centro de Investigaciones Históricas y Sociales de la UAC, a petición de Carlos Ernesto Rosado Ruelas, inicia el estudio del “Programa Integral para la Peatonalización de la Calle 59”, un estudio de escritorio donde no son tomados en cuenta los vecinos de dicha calle; sin embargo, en enero de 2010 empiezan a “invitar” a algunos vecinos, los más notables, con el fin de conseguir el aval de estos y justificar ante el FONCA la viabilidad de este proyecto. Los vecinos responden con sendos oficios externando sus dudas y sus preocupaciones: ¿Quiénes son los verdaderos beneficiarios?, ¿Serán extranjeros que nunca terminan de llegar e instalarse? ¿Es un truco para que nuestros predios se deprecien y se abandonen?, ¿acaso el Fondo para la Cultura y las Artes ha pensado en recrear otras costumbres distintas a las de nosotros, transformado nuestra calle (59) en penosos mercados sobre ruedas dando el espectáculo denigrante que cada fin de semana se veía alrededor de nuestro parque principal?, ¿se han hecho encuestas sobre la cantidad de turistas que transitan por esta calle?, ¿Cuál es el beneficio económico que traerá a los verdaderos afectados? ¿Qué pasará con el lugar para estacionarse tan necesario para descarga de servicios como gas, material de construcción, o enseres domésticos? ¿Habrá suficiente espacio para que los bomberos puedan maniobrar en caso de un incendio?

INDOLENCIA Y NEGLIGENCIA

Pese que desde el principio los vecinos manifestaron su inconformidad por el proyecto este siguió adelante avalado en primera instancia por el estudio que llevó a cabo la UAC, que reporta únicamente 54 predios afectados (9 casas habitación y 45 comercios), pero la realidad es que son en total 125 predios en la Calle 59, entre comercios, oficinas de gobierno, viviendas (28), hoteles, predios desocupados y la iglesia.

Gilberto Pizarro Peniche, Director de Obras Públicas Municipales, dijo en muchas ocasiones “Son cinco o seis inconformes que han estado haciendo mella, y yo siento que no vamos a parar lo que ya por muchos años los campechanos hemos estado esperando para que nuestro Centro Histórico siga creciendo”, montados en su caballo de intransigencia, buscaron el aval del INAH organismo que sospechosamente mostró poco o ningún interés en las quejas de los vecinos, quizás con la consigna federal de apoyar al Ayuntamiento panista, de hecho, el INAH le cobró al Ayuntamiento entre 70 y 75 pesos por expedirle el permiso para la realización del proyecto, y además las declaraciones de la delegada del INAH: “La obra de peatonalización de la Calle 59 planteada por el Ayuntamiento de Campeche, cuenta con el permiso del Instituto de Antropología e Historia (INAH), aseguró su delegada, Lirio Guadalupe Suárez Améndola; quien ante las inconformidades desprendidas por los comerciantes ubicados en esa calle, aclaró que la obra no les perjudicará porque no se cerrará por completo, sino que solo se ampliarán las banquetas”.

La pregunta es: ¿por qué la insistencia en ampliar la banquetas?, si cualquier calle se puede convertir en peatonal sin necesidad de gastar dinero en banquetas, hay ciudades turísticas que tienen calles peatonales incluso sin banquetas y sin necesidad de cerrar el tránsito vehicular que a ciertas horas se abre para que los locales puedan ser surtidos, sin ningún problema.

LA LUCHA DE LOS VECINOS

Los vecinos afectados acudieron a cuanta instancia estuvo a su alcance, incluyendo Derechos Humanos; sin embargo sus quejas no fueron escuchadas, convirtiéndose dichas dependencias en cómplices por negligencia. Con fecha 18 de enero de 2011, el área de quejas del INAH, expide un oficio, el No. 11/010/DRQ/ 0125 /2011, firmado por el titular del área de quejas Lic. Israel Alberto Chávez Barbazán donde se especifica lo siguiente:

El proyecto debe conservar el contexto histórico considerado como el Valor Universal Excepcional, mismo que permitió la inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, éste se integra de las invariantes urbanas como son la traza urbana del sistema militar de fortificación, el trazo de parcelamiento, la proporción de los paramentos de las fachadas las cuales conservan: escala, proporción, ritmo, predominio de macizo ante vanos, materiales acabados.

Para el caso es importante que se presente un levantamiento topográfico donde se especifique el ancho de las calles de paramento a paramento, ancho de banquetas actuales, niveles de calles, banquetas, escurrimientos pluviales, etc. y el trazo propuesto de la calle especificando el ancho de ésta.

En las esquinas se observará el radio de giro de los vehículos, ya que al ampliar al ancho de las banquetas se reduce éste en los cruces de calles. Para este caso, se recomienda el achaflanado de los vértices que conforman las banquetas de ambas calles.

La proyección de las banquetas deberán considerar los escurrimientos pluviales, los niveles de piso, ya que éstos últimos son diferentes a lo largo de la calle, los accesos a los inmuebles, las rampas y guías para personas con capacidades diferentes. Los accesos a los inmuebles no deberán de modificarse y no se podrán invadir las banquetas con escalones o elementos que obstruyan el libre tránsito peatonal.

Se conservará el pavimento de concreto estampado de la calle, ya que fue un diseño exclusivo para la Ciudad de Campeche proyectado en 1980 y que cumple su trazo en proporción y escala con relación al contexto.

La documentación presentada presenta anchos de banquetas y arroyo vehicular no son reales ya que incorporan un ancho de arroyo de 4 metros dimensión que no corresponde con el ancho que realizan en la obra.

El proyecto presentado no cuenta con estudio técnico de diagnóstico y de riesgos atmosféricos del área por intervenir y de conexión con los ramales de desalojo de las aguas de lluvia, así como la reubicación de registros diversos que existen en las esquinas.

Es factible modificar el ancho de banquetas por intervenir de acuerdo al estudio técnico por realizar y determine si existe riesgo alguno al reducir el ancho del arroyo vehicular.

No cuenta con propuesta de reforzamiento de iluminación mercurial en los cruces de calle.

No cuenta con proyecto preventivo para automovilistas (vialidad y señalética) para las calles perpendiculares a la calle 59.

Por si fuera poco los vecinos de manera constante solicitaron a Rosado Ruelas, la información del proyecto por escrito, pero sólo les entregaban folletos sin información técnica ni copia de los estudios realizados para la aprobación de dicho proyecto, entre ellos uno muy importante el peritaje y el dictamen de seguridad por riesgo de contingencia ambiental, que el Ayuntamiento de Campeche debió solicitar al Cenecam, para conseguir la aprobación del proyecto de la Calle 59; la respuesta del titular del Cenecam fue que jamás se elaboró un dictamen de seguridad, ni se llevó a cabo ningún peritaje, debido a que ese trámite no fue solicitado, ni cumplido por el municipio de Campeche. Lo curioso de este asunto es que en el libro Diagnóstico de Riesgo por Inundación para la ciudad de Campeche, editado por la Universidad Autónoma de Campeche, a través de EPOMEX, el Ayuntamiento de Campeche 2003-2006 (encabezado por Fernando Ortega Bernés), Sedesol Federal y Hábitat; se determina que entre los lugares que han presentado inundaciones históricas significativas está la Calle 59 de la zona Centro, de la ciudad de Campeche. Efectivamente la naturaleza nos ha demostrado en muchas ocasiones que la modernidad no obstruye sus cauces naturales y en caso de una contingencia ambiental las aguas fluyen por los lugares que lo hacían hace mucho tiempo sin importar si hay construcciones o no.

Otra de las grandes inconformidades y preocupaciones de los vecinos y comerciantes de la calle 59, es el estacionamiento, al reducir la calle a solo 3:50 metros, se eliminaron más de 100 lugares para estacionarse sin brindar una solución efectiva a este problema, al respecto Rosado Ruelas, ha declarado:

“- En la cuestión de la Calle 59 y de la Plaza de la República que por ejemplo va a dejar de ser estacionamiento, ¿qué alternativas hay para buscar estacionamiento?

- CRR: Por ejemplo, aquí enfrente ya hay un estacionamiento privado, el Hotel Baluartes también está cediendo su estacionamiento para que sea privado, enfrente de Palacio Federal hay un lote baldío en donde un empresario va a hacer un estacionamiento, creo que los campechanos también necesitamos hacer conciencia de que hay que pagar por un servicio, con toda honestidad les digo que cuando vamos(¿?) a otros lugares de la república o hasta a Mérida para consultar con el doctor, cuando entramos al estacionamiento pagamos una tarifa por estacionamiento, entonces, nosotros estamos buscando la alternativa de que se empiece a privatizar y que empiecen a haber estacionamientos privados que van a servir para asegurar aún más sus vehículos en cuanto a la delincuencia o algo”.

Por si fuera poco con el capricho y la intransigencia hay que tomar en cuenta la opacidad en la ejecución de los costos del proyecto pues el defenestrado ex director de Servicios Públicos Municipales Heberto Brown, declaró que los botes de basura de “aluminio fundido” tendrían un costo de 30 mil pesos, declarando que serían 70 las unidades que se colocarían, sumando un total de 2´100, 000 (dos millones, cien mil pesos) tan solo en botes de basura que al final fueron botes comunes y corrientes traídos del vecino estado de Yucatán. Y entre otras cosas, se dio la posibilidad de que Pizarro Peniche, fuera uno de los proveedores del concreto estampado que se colocó y que al día de hoy ha sido lavado en partes por las primeras lluvias de la temporada.

VECINOS INCONFORMES, SUS RAZONES

Miguel Ojeda Acevedo, desde hace 61 años habita en el predio marcado con el número 16, de la Calle 59, entre 12 y 14 del Centro Histórico, y lamentó la cerrazón del alcalde panista de Campeche, Carlos Ernesto Rosado Ruelas, a quien acusó de pretender “minimizar los daños y las afectaciones que sufriremos quienes habitamos en esta calle”.

Denunció que el Ayuntamiento de Campeche, en complicidad con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), violentaron disposiciones federales relacionadas con el cuidado del patrimonio monumental e histórico de Campeche y los campechanos.

El encargado de la Lonchería Valich, una de las más tradicionales del Centro Histórico, Valerio Canul Ceballos, cuestionó los trabajos del Ayuntamiento.

“Esta obra y el cierre parcial de la circulación sólo propiciarán que se agrave el problema de falta de estacionamientos que padecen a diario miles de campechanos; nosotros tenemos 25 años aquí, y nuestros clientes se quejan de que cada vez es más difícil encontrar un lugar en donde aparcarse, lo cual significa que la gente dejará de acudir a comprar”.

Aseguró que en la Calle 59 se estacionaban más de 100 vehículos a diario, el movimiento era constante, “y nos preguntamos dónde se estacionará ahora toda esa gente; si la justificación es que haya más turistas, primero deben traer a los turistas, y eso no está ocurriendo; el 90 por ciento de los campechanos no podrá circular con sus vehículos por esta calle, sólo para que grupos esporádicos de turistas puedan caminar ampliamente, aunque sólo toman fotos y no compran, o las compras son mínimas”.

LAS CONSECUENCIAS

En poco tiempo ha quedado demostrado que los vecinos tenían razón, el estrecho tramo por donde pueden circular los vehículos es insuficiente para descargar gas, hacer maniobras de salvamento en caso de emergencia, mover personas en sillas de ruedas, entre otras cosas; pero aun no se ven los desfiles de turistas por la Calle 59, terminaron la obra pero nunca hicieron planes para traer turistas, los materiales usados en la construcción fueron de pésima calidad, hoy día ya se ven tramos sin recubrimiento en la calle 59 y el acabado de banquetas y guarniciones es de muy baja calidad, y por si fuera poco al reducir el aforo de tránsito de agua, en caso de inundación ponen en grave riesgo la vida y los bienes de los ciudadanos que habitan en la Calle 59. Esta obra quedará en la historia de la ciudad de Campeche, como un capricho más del gobernante en turno.

DOCUMENTOS QUE AVALAN LA LUCHA DE LOS VECINOS




LA CALLE 59 SE UBICA EN ZONA DE ALTO RIESGO DE INUNDACIONES




LAS IMAGENES NO MIENTEN DURANTE PASADOS HURACANES LA CALLE 59 SE HA INUNDADO, AHORA QUE LAS BANQUETAS FUERON AUMENTADAS, TAMBIEN AUMENTO EL RIESGO DE QUE SE INUNDE CON MENOS LLUVIA

LOS MATERIALES USADOS FUERON DE PESIMA CALIDAD



EL RECUBRIMIENTO QUE FUE COLOCADO SOBRE LA CALLE 59, SE VA LEVANTANDO RAPIDAMENTE CON LAS PRIMERAS LLUVIAS

lunes, 13 de junio de 2011

NO MAS SANGRE

Texto íntegro del discurso de Javier Sicilia leído en el Zócalo

“Si hemos caminado en silencio es porque nuestro dolor es tan grande y profundo y porque a través de él les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiamos”. Javier Sicilia

Nuevo pacto o fractura nacional

Hemos llegado a pie, como lo hicieron los antiguos mexicanos, hasta este sitio en donde ellos por vez primera contemplaron el lago, el águila, la serpiente, el nopal y la piedra, ese emblema que fundó a la nación y que ha acompañado a los pueblos de México a lo largo de los siglos. Hemos llegado hasta esta esquina donde alguna vez habitó Tenochtitlan -a esta esquina donde el Estado y la Iglesia se asientan sobre los basamentos de un pasado rico en enseñanzas y donde los caminos se encuentran y se bifurcan-; hemos llegado aquí para volver a hacer visibles las raíces de nuestra nación, para que su desnudez, que acompañan la desnudez de la palabra, que es el silencio, y la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a alumbrar el camino.

Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tienen palabras con qué decirse. Es también porque a través de ese silencio nos decimos, y les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiamos, como asfixiaron el aliento y la vida de mi hijo Juan Francisco, de Luis Antonio, de Julio César, de Gabo, de María del Socorro, del comandante Jaime y de tantos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados con un desprecio y una vileza que pertenecen a mundos que no son ni serán nunca los nuestros; estamos aquí para decimos y decirles que este dolor del alma en los cuerpos no lo convertiremos en odio ni en más violencia, sino en una palanca que nos ayude a restaurar el amor, la paz, la justicia, la dignidad y la balbuciente democracia que estamos perdiendo; para decimos y decirles que aún creemos que es posible que la nación vuelva a renacer y a salir de sus ruinas, para mostrarles a los señores de la muerte que estamos de pie y que no cejaremos de defender la vida de todos los hijos y las hijas de este país, que aún creemos que es posible rescatar y reconstruir el tejido social de nuestros pueblos, barrios y ciudades.

Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.

Todos los días escuchamos historias terribles que nos hieren y nos hacen preguntamos: ¿Cuándo y en dónde perdimos nuestra dignidad? Los claroscuros se entremezclan a lo largo del tiempo para advertimos que esta casa donde habita el horror no es la de nuestros padres, pero sí lo es; no es el México de nuestros maestros, pero sí lo es; no es el de aquellos que ofrecieron lo mejor de sus vidas para construir un país más justo y democrático, pero sí lo es; esta casa donde habita el horror no es el México de Salvador Nava, de Heberto Castillo, de Manuel Clouthier, de los hombres y mujeres de las montañas del Sur -de esos pueblos mayas que engarzan su palabra a la nación- y de tantos otros que nos han recordado la dignidad, pero sí lo es; no es el de los hombres y mujeres que cada amanecer se levantan para ir a trabajar y con honestidad sostenerse y sostener a sus familias, pero sí lo es; no es el de los poetas, de los músicos, de los pintores, de los bailarines, de todos los artistas que nos revelan el corazón del ser humano y nos conmueven y nos unen, pero sí lo es. Nuestro México, nuestra casa, está rodeada de grandezas, pero también de grietas y de abismos que al expandirse por descuido, complacencia y complicidad nos han conducido a esta espantosa desolación.

Son esas grietas, esas heridas abiertas, y no las grandezas de nuestra casa, las que también nos han obligado a caminar hasta aquí, entrelazando nuestro silencio con nuestros dolores, para decirles directamente a la cara que tienen que aprender a mirar y a escuchar, que deben nombrar a todos nuestros muertos -a esos que la maldad del crimen ha asesinado de tres maneras: privándolos de la vida, criminalizándolos y enterrándolos en las fosas comunes de un silencio ominoso que no es el nuestro-; para decirles que con nuestra presencia estamos nombrando esta infame realidad que ustedes, la clase política, los llamados poderes fácticos y sus siniestros monopolios, las jerarquías de los poderes económicos y religiosos, los gobiernos y las fuerzas policíacas han negado y quieren continuar negando. Una realidad que los criminales, en su demencia, buscan imponernos aliados con las omisiones de los que detentan alguna forma de poder.

Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos. O ¿dónde estaban los partidos, los alcaldes, los gobernadores, las autoridades federales, el ejército, la armada, las iglesias, los congresos, los empresarios; dónde estábamos todos cuando los caminos y carreteras que llevan a Tamaulipas se convirtieron en trampas mortales para hombres y mujeres indefensos, para nuestros hermanos migrantes de Centroamérica? ¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados de la República gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes y continúen en las filas de los partidos y a veces en puestos de gobierno? ¿Por qué se permitió que diputados del Congreso de la Unión se organizaran para ocultar a un prófugo de la justicia, acusado de tener vínculos con el crimen organizado y lo introdujeron al recinto que debería ser el más honorable de la patria porque en él reside la representación plural del pueblo y terminaran dándole fuero y después aceptando su realidad criminal en dos vergonzosos sainetes? ¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió éste lanzar al ejército a las calles en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre? ¿Por qué se trató de hacer pasar, a espaldas de la ciudadanía, una ley de seguridad que exige hoy, más que nunca una amplia reflexión, discusión y consenso ciudadano? La Ley de Seguridad Nacional no puede reducirse a un asunto militar. Asumida así es y será siempre un absurdo. La ciudadanía no tiene por qué seguir pagando el costo de la inercia e inoperancia del Congreso y sus tiempos convertido en chantaje administrativo y banal cálculo político. ¿Por qué los partidos enajenan su visión, impiden la reforma política y bloquean los instrumentos legales que permitan a la ciudadanía una representación digna y eficiente que controle todo tipo de abusos? ¿Por qué en ella no se ha incluido la revocación del mandato ni el plebiscito?

Estos casos -hay cientos de la misma o de mayor gravedad- ponen en evidencia que los partidos políticos, el PAN, el PRI, el PRD, el PT, Convergencia, Nueva Alianza, el Panal, el Verde, se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntamos en las próximas elecciones ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar? ¿No se dan cuenta de que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas, que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran?

Los partidos políticos debilitan nuestras instituciones republicanas, las vuelven vulnerables ante el crimen organizado, y sumisas ante los grandes monopolios; hacen de la impunidad un modus vivendi y convierten a la ciudadanía en rehén de la violencia imperante.

Ante el avance del hampa vinculada con el narcotráfico, el Poder Ejecutivo asume, junto con la mayoría de la mal llamada clase política, que hay sólo dos formas de enfrentar esa amenaza: administrándola ilegalmente como solía hacerse y se hace en muchos lugares o haciéndole la guerra con el ejército en las calles como sucede hoy. Se ignora que la droga es un fenómeno histórico que, descontextualizado del mundo religioso al que servía, y sometido ahora al mercado y sus consumos, debió y debe ser tratado como un problema de sociología urbana y de salud pública, y no como un asunto criminal que debe enfrentarse con la violencia. Con ello se suma más sufrimiento a una sociedad donde se exalta el éxito, el dinero y el poder como premisas absolutas que deben conquistarse por cualquier medio y a cualquier precio.

Este clima ha sido tierra fértil para el crimen que se ha convertido en cobros de piso, secuestros, robos, tráfico de personas y en complejas empresas para delinquir y apropiarse del absurdo modelo económico de tener siempre más a costa de todos.

A esto, ya de por sí terrible, se agrega la política norteamericana. Su mercado millonario del consumo de la droga, sus bancos y empresas que lavan dinero, con la complicidad de los nuestros, y su industria armamentista -más letal, por contundente y expansiva, que las drogas-, cuyas armas llegan a nuestras tierras, no sólo fortalecen el crecimiento de los grupos criminales, sino que también los proveen de una capacidad inmensa de muerte. Los Estados Unidos han diseñado una política de seguridad cuya lógica responde fundamentalmente a sus intereses globales donde México ha quedado atrapado.

¿Como reestructurar esta realidad que nos ha puesto en un estado de emergencia nacional? Es un desafío más que complejo. Pero México no puede seguir simplificándolo y menos permitir que esto ahonde más sus divisiones internas y nos fracture hasta hacer casi inaudibles el latido de nuestros corazones que es el latido de la nación. Por eso les decimos que es urgente que los ciudadanos, los gobiernos de los tres órdenes, los partidos políticos, los campesinos, los obreros, los indios, los académicos, los intelectuales, los artistas, las iglesias, los empresarios, las organizaciones civiles, hagamos un pacto, es decir, un compromiso fundamental de paz con justicia y dignidad, que le permita a la nación rehacer su suelo, un pacto en el que reconozcamos y asumamos nuestras diversas responsabilidades, un pacto que le permita a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños recuperar su presente y su futuro, para que dejen de ser las víctimas de esta guerra o el ejército de reserva de la delincuencia.

Por ello, es necesario que todos los gobernantes y las fuerzas políticas de este país se den cuenta que están perdiendo la representación de la nación que emana del pueblo, es decir, de los ciudadanos como los que hoy estamos reunidos en el zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades del país.

Si no lo hacen, y se empeñan en su ceguera, no sólo las instituciones quedarán vacías de sentido y de dignidad, sino que las elecciones de 2012 serán las de la ignominia, una ignominia que hará más profundas las fosas en donde, como en Tamaulipas y Durango, están enterrando la vida del país.

Estamos, pues, ante una encrucijada sin salidas fáciles, porque el suelo en el que una nación florece y el tejido en el que su alma se expresa están deshechos. Por ello, el pacto al que convocamos después de recoger muchas propuestas de la sociedad civil, y que en unos momentos leerá Olga Reyes, que ha sufrido el asesinato de 6 familiares, es un pacto que contiene seis puntos fundamentales que permitirán a la sociedad civil hacer un seguimiento puntual de su cumplimiento y, en el caso de traicionarse, penalizar a quienes sean responsables de esas traiciones; un pacto que se firmará en el Centro de Ciudad Juárez -el rostro más visible de la destrucción nacional- de cara a los nombres de nuestros muertos y lleno de un profundo sentido de lo que una paz digna significa.

Antes de darlo a conocer, hagamos un silencio más de 5 minutos en memoria de nuestros muertos, de la sociedad cercada por la delincuencia y un Estado omiso, y como una señal de la unidad y de la dignidad de nuestros corazones que llama a todos a refundar la Nación. Hagámoslo así porque el silencio es el lugar en donde se recoge y brota la palabra verdadera, es la hondura profunda del sentido, es lo que nos hermana en medio de nuestros dolores, es esa tierra interior y común que nadie tiene en propiedad y de la que, si sabemos escuchar, puede nacer la palabra que nos permita decir otra vez con dignidad y una paz justa el nombre de nuestra casa: México