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lunes, 13 de junio de 2011

NO MAS SANGRE

Texto íntegro del discurso de Javier Sicilia leído en el Zócalo

“Si hemos caminado en silencio es porque nuestro dolor es tan grande y profundo y porque a través de él les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiamos”. Javier Sicilia

Nuevo pacto o fractura nacional

Hemos llegado a pie, como lo hicieron los antiguos mexicanos, hasta este sitio en donde ellos por vez primera contemplaron el lago, el águila, la serpiente, el nopal y la piedra, ese emblema que fundó a la nación y que ha acompañado a los pueblos de México a lo largo de los siglos. Hemos llegado hasta esta esquina donde alguna vez habitó Tenochtitlan -a esta esquina donde el Estado y la Iglesia se asientan sobre los basamentos de un pasado rico en enseñanzas y donde los caminos se encuentran y se bifurcan-; hemos llegado aquí para volver a hacer visibles las raíces de nuestra nación, para que su desnudez, que acompañan la desnudez de la palabra, que es el silencio, y la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a alumbrar el camino.

Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tienen palabras con qué decirse. Es también porque a través de ese silencio nos decimos, y les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiamos, como asfixiaron el aliento y la vida de mi hijo Juan Francisco, de Luis Antonio, de Julio César, de Gabo, de María del Socorro, del comandante Jaime y de tantos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados con un desprecio y una vileza que pertenecen a mundos que no son ni serán nunca los nuestros; estamos aquí para decimos y decirles que este dolor del alma en los cuerpos no lo convertiremos en odio ni en más violencia, sino en una palanca que nos ayude a restaurar el amor, la paz, la justicia, la dignidad y la balbuciente democracia que estamos perdiendo; para decimos y decirles que aún creemos que es posible que la nación vuelva a renacer y a salir de sus ruinas, para mostrarles a los señores de la muerte que estamos de pie y que no cejaremos de defender la vida de todos los hijos y las hijas de este país, que aún creemos que es posible rescatar y reconstruir el tejido social de nuestros pueblos, barrios y ciudades.

Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.

Todos los días escuchamos historias terribles que nos hieren y nos hacen preguntamos: ¿Cuándo y en dónde perdimos nuestra dignidad? Los claroscuros se entremezclan a lo largo del tiempo para advertimos que esta casa donde habita el horror no es la de nuestros padres, pero sí lo es; no es el México de nuestros maestros, pero sí lo es; no es el de aquellos que ofrecieron lo mejor de sus vidas para construir un país más justo y democrático, pero sí lo es; esta casa donde habita el horror no es el México de Salvador Nava, de Heberto Castillo, de Manuel Clouthier, de los hombres y mujeres de las montañas del Sur -de esos pueblos mayas que engarzan su palabra a la nación- y de tantos otros que nos han recordado la dignidad, pero sí lo es; no es el de los hombres y mujeres que cada amanecer se levantan para ir a trabajar y con honestidad sostenerse y sostener a sus familias, pero sí lo es; no es el de los poetas, de los músicos, de los pintores, de los bailarines, de todos los artistas que nos revelan el corazón del ser humano y nos conmueven y nos unen, pero sí lo es. Nuestro México, nuestra casa, está rodeada de grandezas, pero también de grietas y de abismos que al expandirse por descuido, complacencia y complicidad nos han conducido a esta espantosa desolación.

Son esas grietas, esas heridas abiertas, y no las grandezas de nuestra casa, las que también nos han obligado a caminar hasta aquí, entrelazando nuestro silencio con nuestros dolores, para decirles directamente a la cara que tienen que aprender a mirar y a escuchar, que deben nombrar a todos nuestros muertos -a esos que la maldad del crimen ha asesinado de tres maneras: privándolos de la vida, criminalizándolos y enterrándolos en las fosas comunes de un silencio ominoso que no es el nuestro-; para decirles que con nuestra presencia estamos nombrando esta infame realidad que ustedes, la clase política, los llamados poderes fácticos y sus siniestros monopolios, las jerarquías de los poderes económicos y religiosos, los gobiernos y las fuerzas policíacas han negado y quieren continuar negando. Una realidad que los criminales, en su demencia, buscan imponernos aliados con las omisiones de los que detentan alguna forma de poder.

Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos. O ¿dónde estaban los partidos, los alcaldes, los gobernadores, las autoridades federales, el ejército, la armada, las iglesias, los congresos, los empresarios; dónde estábamos todos cuando los caminos y carreteras que llevan a Tamaulipas se convirtieron en trampas mortales para hombres y mujeres indefensos, para nuestros hermanos migrantes de Centroamérica? ¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados de la República gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes y continúen en las filas de los partidos y a veces en puestos de gobierno? ¿Por qué se permitió que diputados del Congreso de la Unión se organizaran para ocultar a un prófugo de la justicia, acusado de tener vínculos con el crimen organizado y lo introdujeron al recinto que debería ser el más honorable de la patria porque en él reside la representación plural del pueblo y terminaran dándole fuero y después aceptando su realidad criminal en dos vergonzosos sainetes? ¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió éste lanzar al ejército a las calles en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre? ¿Por qué se trató de hacer pasar, a espaldas de la ciudadanía, una ley de seguridad que exige hoy, más que nunca una amplia reflexión, discusión y consenso ciudadano? La Ley de Seguridad Nacional no puede reducirse a un asunto militar. Asumida así es y será siempre un absurdo. La ciudadanía no tiene por qué seguir pagando el costo de la inercia e inoperancia del Congreso y sus tiempos convertido en chantaje administrativo y banal cálculo político. ¿Por qué los partidos enajenan su visión, impiden la reforma política y bloquean los instrumentos legales que permitan a la ciudadanía una representación digna y eficiente que controle todo tipo de abusos? ¿Por qué en ella no se ha incluido la revocación del mandato ni el plebiscito?

Estos casos -hay cientos de la misma o de mayor gravedad- ponen en evidencia que los partidos políticos, el PAN, el PRI, el PRD, el PT, Convergencia, Nueva Alianza, el Panal, el Verde, se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntamos en las próximas elecciones ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar? ¿No se dan cuenta de que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas, que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran?

Los partidos políticos debilitan nuestras instituciones republicanas, las vuelven vulnerables ante el crimen organizado, y sumisas ante los grandes monopolios; hacen de la impunidad un modus vivendi y convierten a la ciudadanía en rehén de la violencia imperante.

Ante el avance del hampa vinculada con el narcotráfico, el Poder Ejecutivo asume, junto con la mayoría de la mal llamada clase política, que hay sólo dos formas de enfrentar esa amenaza: administrándola ilegalmente como solía hacerse y se hace en muchos lugares o haciéndole la guerra con el ejército en las calles como sucede hoy. Se ignora que la droga es un fenómeno histórico que, descontextualizado del mundo religioso al que servía, y sometido ahora al mercado y sus consumos, debió y debe ser tratado como un problema de sociología urbana y de salud pública, y no como un asunto criminal que debe enfrentarse con la violencia. Con ello se suma más sufrimiento a una sociedad donde se exalta el éxito, el dinero y el poder como premisas absolutas que deben conquistarse por cualquier medio y a cualquier precio.

Este clima ha sido tierra fértil para el crimen que se ha convertido en cobros de piso, secuestros, robos, tráfico de personas y en complejas empresas para delinquir y apropiarse del absurdo modelo económico de tener siempre más a costa de todos.

A esto, ya de por sí terrible, se agrega la política norteamericana. Su mercado millonario del consumo de la droga, sus bancos y empresas que lavan dinero, con la complicidad de los nuestros, y su industria armamentista -más letal, por contundente y expansiva, que las drogas-, cuyas armas llegan a nuestras tierras, no sólo fortalecen el crecimiento de los grupos criminales, sino que también los proveen de una capacidad inmensa de muerte. Los Estados Unidos han diseñado una política de seguridad cuya lógica responde fundamentalmente a sus intereses globales donde México ha quedado atrapado.

¿Como reestructurar esta realidad que nos ha puesto en un estado de emergencia nacional? Es un desafío más que complejo. Pero México no puede seguir simplificándolo y menos permitir que esto ahonde más sus divisiones internas y nos fracture hasta hacer casi inaudibles el latido de nuestros corazones que es el latido de la nación. Por eso les decimos que es urgente que los ciudadanos, los gobiernos de los tres órdenes, los partidos políticos, los campesinos, los obreros, los indios, los académicos, los intelectuales, los artistas, las iglesias, los empresarios, las organizaciones civiles, hagamos un pacto, es decir, un compromiso fundamental de paz con justicia y dignidad, que le permita a la nación rehacer su suelo, un pacto en el que reconozcamos y asumamos nuestras diversas responsabilidades, un pacto que le permita a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños recuperar su presente y su futuro, para que dejen de ser las víctimas de esta guerra o el ejército de reserva de la delincuencia.

Por ello, es necesario que todos los gobernantes y las fuerzas políticas de este país se den cuenta que están perdiendo la representación de la nación que emana del pueblo, es decir, de los ciudadanos como los que hoy estamos reunidos en el zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades del país.

Si no lo hacen, y se empeñan en su ceguera, no sólo las instituciones quedarán vacías de sentido y de dignidad, sino que las elecciones de 2012 serán las de la ignominia, una ignominia que hará más profundas las fosas en donde, como en Tamaulipas y Durango, están enterrando la vida del país.

Estamos, pues, ante una encrucijada sin salidas fáciles, porque el suelo en el que una nación florece y el tejido en el que su alma se expresa están deshechos. Por ello, el pacto al que convocamos después de recoger muchas propuestas de la sociedad civil, y que en unos momentos leerá Olga Reyes, que ha sufrido el asesinato de 6 familiares, es un pacto que contiene seis puntos fundamentales que permitirán a la sociedad civil hacer un seguimiento puntual de su cumplimiento y, en el caso de traicionarse, penalizar a quienes sean responsables de esas traiciones; un pacto que se firmará en el Centro de Ciudad Juárez -el rostro más visible de la destrucción nacional- de cara a los nombres de nuestros muertos y lleno de un profundo sentido de lo que una paz digna significa.

Antes de darlo a conocer, hagamos un silencio más de 5 minutos en memoria de nuestros muertos, de la sociedad cercada por la delincuencia y un Estado omiso, y como una señal de la unidad y de la dignidad de nuestros corazones que llama a todos a refundar la Nación. Hagámoslo así porque el silencio es el lugar en donde se recoge y brota la palabra verdadera, es la hondura profunda del sentido, es lo que nos hermana en medio de nuestros dolores, es esa tierra interior y común que nadie tiene en propiedad y de la que, si sabemos escuchar, puede nacer la palabra que nos permita decir otra vez con dignidad y una paz justa el nombre de nuestra casa: México

UNA VISION MAS REAL DE LA REFORMA LABORAL

¡A babor!


Una propuesta de reforma laboral, neoliberal,

sin memoria y criminal.

Por: Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

Quienes elaboraron, promueven y apoyan la propuesta de reforma laboral hecha por legisladores federales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), como el derechista Partido (de) Acción Nacional (PAN), el gobierno del panista Calderón y sus altos funcionarios, como el antisindicalista secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, los grandes empresarios y diversos “intelectuales” y organizaciones que les sirven, olvidan (y pretenden que el pueblo mexicano haga lo mismo) lo que hay detrás del artículo 123 constitucional y de la Ley Federal del Trabajo (LFT), y su significación histórica.

La propuesta priísta empanizada.

El Proyecto de Reforma Laboral propuesto por legisladores federales del PRI encabezados por Manlio Fabio Beltrones, aunque lo nieguen, viola el espíritu y la letra de la Constitución de la República, de su artículo 123 y de la Ley Federal del Trabajo.

Atenta contra el carácter tutelar del Estado mexicano de la clase obrera y, por tanto, contra la esencia del Derecho Laboral surgido de la Revolución Mexicana iniciada en 1910, pues en lugar de resguardar los derechos de la parte más débil de los factores de la producción, como lo es el trabajador, los anula a favor de la parte fuerte, el patrón.

Es una propuesta además llena de incongruencias, conceptos falsos, contradicciones y mentiras, impulsa la llamada “flexibilización laboral”, fomenta la inseguridad e inestabilidad en el trabajo, y legaliza la subcontratación o el denominado “outsorcing”, lesivo para los trabajadores.

En particular, dicho proyecto neoliberal propone sacar de la Ley Federal del Trabajo las tablas de enfermedades e indemnizaciones por accidentes de trabajo, dejando su existencia o modificación a criterio de una llamada comisión, que, seguramente, como la actual Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, dejará en un MÍNIMO NÚMERO Y CON MÍNIMAS INDEMNIZACIONES a las enfermedades de trabajo y los accidentes laborales.

El recuento de los trabajadores para diferentes actos que los mismos promuevan, quedará a cargo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), de los patrones y de las autoridades, lo que lógicamente atenta contra sus derechos, independencia y unidad.

Asimismo, como parte de la “flexibilización laboral” en marcha, el proyecto propone permitir el desarrollo de labores “conexas” o “complementarias” a la labor principal del trabajador (lógico, a criterio de las autoridades y los patrones); propone los contratos de capacitación inicial (lo que nos recuerda a los aprendices de la época de la dictadura porfirista), y, además, periodos de prueba de 30 y de hasta de 180 días (¡seis meses!), sin prestaciones, claro, atentando, entre otras cosas, contra el derecho a crear antigüedad, lo que se prestará a múltiples injusticias, y agravará la inseguridad en el trabajo y el temor al futuro, principalmente entre los jóvenes.

Asimismo, para avanzar en la aprobación del trabajo por horas, que es un anhelo de los grandes empresarios nacionales y trasnacionales, se propone la modificación del horario de trabajo y las llamadas “labores discontinuas”, lo que, por lógica, quedará a criterio del patrón, que de aprobarse constituiría, además de un crimen, una verdadera vergüenza para sus impulsores, que los perseguirá a lo largo de muchas generaciones.

¡Ah!, pero como de tontos no tienen nada, pero sí creen tonto al pueblo mexicano, los astutos reformadores, como hacían los nazis en su propaganda, tratan de enternecer y convencer a los mexicanos de la bondad de estas reformas mediante los “beneficios” que supuestamente ofrece a los pequeños empresarios, a las mujeres, a los niños trabajadores, a los discapacitados y a los jornaleros del campo. ¡Qué espíritu tan noble los mueve verdaderamente!

Reformar para avanzar, no para retroceder

La pregunta que el pueblo mexicano, la clase trabajadora, sus líderes, los partidos revolucionarios y democráticos, y las personalidades verdaderamente progresistas, tenemos que hacernos es: ¿Debemos confiar en una propuesta de reforma laboral que viene de quienes han llevado a millones de mexicanos a niveles de miseria, pobreza y desesperación nunca antes vistas, y a nuestro país a una enfermiza dependencia respecto a la economía norteamericana?

La respuesta es, por supuesto, NO, y aquí no tiene cabida el darles el llamado “beneficio de la duda” a sus impulsores porque hacerlo constituiría un verdadero suicidio para el pueblo y la nación mexicana.

Cientos de veces lo hemos dicho: mientras que la Revolución Mexicana iniciada en 1910, y sus frutos, como la Constitución de la República y leyes como la Federal del Trabajo, no hayan alcanzado sus objetivos fundamentales, no morirán y estarán plenamente vigentes.

Claro es que tanto la Revolución Mexicana, como todas las leyes, se deben actualizar, adaptarlas de acuerdo a las circunstancias y a los tiempos actuales, pero para avanzar en el sentido del mejoramiento del nivel de vida del pueblo, en el fortalecimiento de nuestra independencia económica y política, y en la ampliación del régimen democrático, no para retroceder, como lo pretende la reforma laboral que los grupos neoliberales proponen.

Las razones históricas del 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo.

Los reformadores olvidan que la Constitución de la República, su artículo 123 y la Ley Federal del Trabajo surgieron en respuesta a las horribles condiciones de explotación y de miseria a las que los indígenas, campesinos y obreros mexicanos estaban sometidos durante la dictadura de Porfirio Díaz, y aún desde la época de la Colonia.

También fueron como respuesta a la explotación que de nuestros recursos naturales y de nuestro pueblo hacían las potencias extranjeras, como los Estados Unidos e Inglaterra, y a nuestra total carencia de independencia económica y política.

Y por último, a la falta total de democracia, pues nuestro pueblo, sumido en la miseria y reprimido, no tenía la más mínima participación política ni electoral, y, por tanto, las decisiones acerca del destino y rumbo del país las tomaba un pequeño grupo de privilegiados, nacionales y extranjeros, dueños de la riqueza en nuestro país.

¿Han cambiado estas circunstancias? No, por el contrario, muchas de ellas se han agudizado desde que tomaron el poder los neoliberales en 1982, con gobiernos que han pasado por encima de la Constitución y demás leyes, como la Federal del Trabajo, violándolas, incumpliéndolas, y ahora queriendo “reformarlas” con la intención de quitarse para siempre un gran obstáculo para el logro de sus propósitos de entregar por completo nuestras riquezas a la gran burguesía nacional y trasnacional.

¡Cúmplanse no refórmense!

El artículo 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo no son pues negociables ni prescindibles, Y SE DEBEN CUMPLIR, NO REFORMARSE, para que se incremente nuestra competitividad y lograr nuestro desarrollo con independencia, progreso social y democracia.

Por tanto, es infantil y ridículo echarles la culpa de que nuestro país no sea competitivo, cuando la responsabilidad de esta situación es de los gobiernos neoliberales y de sus políticas, que sólo responden a las órdenes de los organismos financieros del imperialismo norteamericano, como lo son el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Así, para que nuestro país sea competitivo se requiere, entre otras cosas, que se invierta en educación, mínimo el 8% del PIB, como lo recomienda la ONU, también en investigación científica y tecnológica, en creación de empleos, en vivienda, en salud, para tener mexicanos mejor capacitados, alimentados y saludables, para que puedan rendir más en el trabajo, asimismo, es necesario apoyar de manera efectiva a los industriales auténticamente mexicanos.

Para lograr todo ello se requiere de un Estado fuerte y de un gobierno federal de distinto tipo y carácter, y, por tanto, de echar del poder en el 2012, por ineptos y criminales, a los panistas y al resto de los grupos encabezados por Salinas, Zedillo y otros, que conforman el cartel criminal más peligroso que existe en nuestro país, el de “Los Neoliberales”.

-o-

Una Reforma Política de caricatura

Como la clase trabajadora mexicana no cuenta con un verdadero partido político que represente sus auténticos intereses en el Poder Legislativo de la nación, ni en ningún otro, con la Reforma Política que se propone ¿quiénes se podrán reeligir como diputados federales y senadores?, pues los neoliberales panistas y priístas que representan los intereses de la gran burguesía nacional y trasnacional; ¿quiénes como diputados locales y presidentes municipales?, pues los caciquillos de siempre, y ¿quiénes podrán lanzarse con éxito como candidatos “independientes” o “ciudadanos”?, pues quienes tengan el dinero para hacerlo, entre ellos los narcos.

Claro, hay sus excepciones en los partidos de origen revolucionario y democrático, gente honesta, de buena fe, preparada e identificada con el pueblo, pero se pueden contar con los dedos de las manos.

Correo electrónico: a_babor@hotmail.com

http://ababor-roberto.blogspot.com


CARICATURA DE ROBERTO IRIS BALAM

EL CORDERO DEL PAN

Cordero de Dios… tu que quitas los problemas de México, déjanos en paz

Por: Fidencio Zuñiga Garcia

"La incitación a la lucha es uno de los

medios de seducción más eficaces del mal."
Franz Kafka


Si Kafka hubiera sido mexicano y la actualidad su tiempo, los personajes que utiliza, al menos en dos de sus famosas novelas, serían panistas, Gregor Samsa sería Vicente Fox y Ernesto Cordero el señor K; el primero que se ve investido en una posición que quiso, pero nunca entendió y el señor K-ordero rondando El castillo-Los Pinos, sumido en el surrealismo mexicano totalmente fuera de época, pero tan similar a esa obra del escritor checo, donde podríamos parodiar lo que le ocurre al señor K-ordero durante seis años, en un país lleno de violencia, al que llega contratado como Secretario de Hacienda por parte del que se cree propietario de México, y que reside en un inexpugnable castillo al que otro dueño anterior le puso Los Pinos, en recuerdo al pequeño pueblo donde nació su gran amor.
En la novela de Kafka, el personaje principal –el señor K– se la pasa averiguando, siempre infructuosamente, acerca del trabajo para el que fue contratado por un tal Klamm.
En este México nuestro, el señor K-ordero se la ha pasado averiguando si el señor Klamderón lo contrató o no, si lo quiere para sucesor, o para patiño, porque cada que hace una declaración, el pueblo se destornilla de risa y se olvida un poco de su presidente.
En el argumento kafkiano, el señor K llega al pueblo una noche cualquiera. Busca alojamiento en una posada, pero allí se le importuna con la información de que para alojarse en el pueblo necesita una autorización del castillo (en el que se supone que se halla la autoridad condal). K. informa de que es un agrimensor que ha sido contratado, dato que se confirma después de una consulta telefónica con el castillo. A la mañana siguiente, K. se dirige hacia el castillo. Sin embargo, el camino resulta lo suficientemente enrevesado como para tener la sensación de que nunca se aproxima a él; cansado, además, de caminar por la nieve, regresa a la posada. Conoce allí a sus ayudantes, nombrados por el castillo, y a un mensajero llamado Barnabás que le entrega una carta de parte de una de las autoridades, un tal Klamm, que le comunica que ha sido contratado como agrimensor y que su superior inmediato será el alcalde del pueblo.
En el país de los sueños calderonianos, K-ordero por más esfuerzos que hace para decirle a Klamderón que él no es el adecuado para el puesto de Secretario de Hacienda, su jefe político le obliga a hablar al pueblo, y lo único que se le ocurre es decir que con seis mil pesos, el mexicano promedio puede ser feliz, tener casa, auto, y hasta llevar a sus hijos a Harvard para que algún día ocupen el lugar de Calderón.
En la novela del escritor surrealista, el señor K se ve metido en enredo tras enredo, sin poder nunca llegar a saber su tarea en el pueblo, y por más esfuerzos que hace, no consigue entrevistarse con Klamm, hasta que le llega la noticia de que sus servicios no son necesarios para el pueblo al que pretende servir, y al mismo tiempo recibe una carta del Castillo, donde le aseguran que los que viven en ese lugar, están satisfechos con su trabajo. Pero como no encuentra acomodo, decide entonces prestar sus servicios en una escuela, mientras consigue entrevistarse con la máxima autoridad del Castillo, desgraciadamente la novela se ve interrumpida abruptamente y nunca se llega a saber del destino de K y sus relaciones con el Castillo.
En el kafkiano México, Mr. Bean o K-ordero, aún no sabe si sus entrevistas con Klamderón tendrán un final feliz y todo el aparato burocrático trabajará para que este gran mexicano, que ha resuelto los problemas de todo un país en base a declaraciones, llegue a posicionarse y ocupar Los Pinos, pero lo que sí es cierto, es que cada día que pasa, México se vuelve más surrealista, y para entender lo que sucede en la entraña del poder, se necesita más que ser un buen crítico de artistas de la talla de Kafka, Buñuel, Salvador Dalí y la recién fallecida Leonora Carrington.
Y ya metidos en la onda surrealista, que huelga decir, muchos aún no la entienden, han señalado una gran cantidad de mexicanos acerca del futuro del país, que nos pinta casi como lo hacía Frida Khalo…, de la chingada.

martes, 7 de junio de 2011

SURREALISMO EN FECALANDIA

Cordero insiste en que se ha recuperado el poder adquisitivo del salario

En breve mensaje y sin aceptar preguntas, el titular de Hacienda sustentó su dicho de ayer al exponer que las pérdidas del poder de compra fueron de 49.4% en los 80 y 35% en los 90, pero con recuperación de 2.4% en últimos 10 años.

Víctor Cardoso / La Jornada

México, DF. El secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, afirmó que México ha avanzado “mucho” en materia económica y reiteró los comentarios hechos ayer en el sentido de una recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo durante la última década.

En una actitud seria que rayaba en la molestia, Cordero Arroyo dijo: “como secretario de Hacienda he sostenido una visión objetiva de México y su desempeño económico, resaltando las fuerzas de su economía y reconociendo las enormes deudas históricas que tenemos los mexicanos”.

El titular de las finanzas públicas citó a una conferencia de prensa, donde únicamente leyó un breve mensaje sin aceptar preguntas de los reporteros. En su declaración añadió: “También he reconocido que México ha avanzado, pero también queda mucho por hacer para mejorar las condiciones de vida que tienen los mexicanos”.

Sustentó su dicho con cifras del Banco de México que indican que de 1981 a 1990, como por ejemplo, la inflación general acumulada rebasó 15 mil por ciento, mientras que entre 1991 y 2000 se ubicó en 401 por ciento. De 2001 a 2010 puntualizó, el indicador se ubicó en 55 por ciento.

Por el lado del poder adquisitivo del salario mínimo, dijo que la variación porcentual acumulada en cada periodo fue de una pérdida de 49.4 por ciento, en los 80, una caída de 35 por ciento en los 90 y una recuperación de 2.4 por ciento en el primer decenio de este siglo.

“Al igual que lo señalé el día de ayer, este crecimiento es modesto y seguramente no compensa la caída tan brutal en el poder adquisitivo del salario mínimo de las décadas de los 80 y 90, pero es claro que la recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo comenzó en esta última década.

“El reto es, sobre una base de estabilidad en precios y desarrollo económico, lograr cada vez mejores salarios y mayores ingresos para las familias en México; que la inflación no destruya patrimonios; que podamos sacar de la pobreza a las familias que nos demandan acciones oportunas y precisas; que podamos ayudar a las familias en México a construir un patrimonio. En eso estamos enfocados, ese es nuestro objetivo”.