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lunes, 8 de agosto de 2011

SOMOS EL PATITO FEO

SR. PRESIDENTE… ¿POR QUE NO QUIERE A CAMPECHE?

Por: ROMINA E. VALLADARES CEJAS

En innumerables ocasiones, ha surgido la pregunta sobre el ¿el por qué Campeche no ha logrado el crecimiento económico y social comparado con Tabasco y Yucatán?, ello, a pesar de las carencias e inconformidades que pudiesen existir en las vecinas entidades, siendo el nuestro, un Estado rico en recursos naturales, historia, cultura y destacando inclusive, la importancia de la tan citada aportación en materia de hidrocarburos desde la década de los 80’s con un agonizante Complejo Cantarell, pero que dio y mucho, confirmando que de ésta zona ha sido posible dar una aportación del 72% de la productividad nacional.

Si bien es cierto que cada uno de los estados de la República Mexicana merece de la asignación de recursos y de la ejecución de acciones necesarias para su desarrollo, ha resultado lamentable que durante décadas, el Estado de Campeche avanza a pasos más que lentos, mientras ve pasar la entrega de apoyos, las asignaciones presupuestales y la realización de magnas obras que contribuyen a su desarrollo en las entidades vecinas, pero que a diferencia de corregir la política pública tan criticada por el actual partido en el poder, poco ha hecho para cambiar ésta realidad en la entidad.

En efecto, no ha sido un secreto que Campeche ha sido, desde antaño, injustamente tratado por la Federación. Yucatán cada día avanza en desarrollo productivo, social, turístico y el impulso que en materia de promoción de inversiones ha ido más allá de los límites internacionales, sobreviviendo incluso a la añeja quiebra de la industria henequenera que representaba pieza clave en su economía y gracias todo ello, no sólo al ingenio de los propios yucatecos, que dicho sea de paso, resultan geniales en la realización de proyectos innovadores, pero que la liberación de subsidios y el trato especial que han recibido desde siempre, les ha permitido forjar un Estado rico y en continuo crecimiento.

De Tabasco, ni se diga. A pesar de registrar los estragos de catástrofes climatológicas que han dado al traste con sus producciones platanera, cacaotera y las pérdidas originadas por ésta causa en la ganadería, producto de por lo menos dos severas inundaciones registradas durante los 15 años recientes, ha logrado al paso de los años no sólo una asignación de recursos provenientes por Petróleos Mexicanos de mayor nivel que Campeche, contar con una capital del el estado con una infraestructura urbana en constante remodelación y crecimiento, que ya la quisiera en sus mejores días la entidad, donde los pasos a desnivel, los puentes de concreto hidráulico y la prestación de servicios a gran escala, parecen estar vetados para los campechanos.

Todo ello se hace con dinero, indiscutiblemente. Mientras Ciudad del Carmen ha sido categorizada como zona de vida cara, sin que exista la nivelación de los salarios para la clase trabajadora ajena a la actividad petrolera (porque no es el 100% los que se dedican al ramo) acción que les permitiría lograr el poder adquisitivo propio a la categorización aplicada, nuestros vecinos tabasqueños disfrutaron durante años de tarifas mínimas en el servicio de energía eléctrica. Yucatán por su parte, subsidio más subsidio, asignación más asignación y el respaldo total luego de los estragos de “Gilberto” a fines de los 80’s, merecidos por supuesto, pero que motivaron a la reflexión a miles de campechanos sobre la desigualdad injustamente aplicada, parecen tener sólo un origen: la conveniencia partidista con fines políticos que debieran resultar ajenos en el ejercicio del poder público del Ejecutivo Federal.

El Presidente en turno, parece temer la ira de Andrés Manuel López Obrador , la vocación perredista de gran parte de la población y del propio temple de los tabasqueños. Con ellos no se juega. Se han hecho respetar por la Federación y hoy disfrutan de los resultados de ésa lucha constante.

Yucatán es una entidad que merece respeto a la Federación. Tampoco con el pueblo yucateco se juega. Más claro ejemplo, la intentona fallida de que Petróleos Mexicanos asentara sus reales en ésa entidad con fines de exploración durante el sexenio de Vicente Fox. Yucatán manifestó su repudio y fue… No rotundo.

_”A Campeche…hasta los huracanes nos brincan”…decía el querido amigo y recordado periodista Oscar Alberto Pérez García “El Campechano” (por supuesto que antes de “Opalo” y “ Roxana”), refiriéndose a la marcada discriminación en la entrega de apoyos e inversión para las entidades del sureste mexicano, donde nuestra entidad, indiscutiblemente, como a la fecha, se mantiene en desnivel.

Salió el PRI de Los Pinos. Los más firmes detractores de ése instituto político, al llegar al poder, representaban la posibilidad de que algo cambiara. Siquiera que el “cambio” prometido fuese realidad. Paso nada específico para Campeche. No sólo el negado incremento significativo a las aportaciones federales y provenientes de PEMEX a la entidad, sino la manifiesta lucha política por buscar el control en los colores, los emblemas, mientras la productividad, el empleo y el crecimiento social… mantenían su ausencia histórica.

Con el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, la situación ha sido distinta, en efecto. Pero hacia lo negativo. Con visitas a la entidad que resultaban necesarias y no porque signifique a un mandatario que acude a un estado para escuchar, respaldar y trabajar por su desarrollo imparcialmente, sin distingos de colores, de partidos ni ideologías, parece con su actitud que es mayor cada día su rechazo a Campeche y los campechanos, pese a que fue en ésta entidad del sureste mexicano, donde el respaldo, principalmente financiero, a su crecimiento político, que lo llevo a ocupar la máxima magistratura, tuvo aquí su origen.

Negativa a la instalación de una refinería en la zona más petrolera del país. Pero carta blanca a la pretensión de construir un penal federal, propuesta aguerridamente rechazada por los campechanos pues la poca riqueza aún queda es la tranquilidad y paz social que hubiese sido amenazada por ésa errada decisión, confirmar la desventaja y el corroborar que, verdaderamente, Campeche no se encuentra en los afectos del Sr. presidente.

Sin embargo, no debe olvidar que es presidente de todos los mexicanos. Incluido Campeche y los campechanos. Tierra en la que guarda afectos, donde vivió y creció políticamente el más cercano de sus amigos, Juan Camilo Mouriño Terrazo, de quien por supuesto, en la entidad se lamentó su pérdida, pero que la entidad misma no resulta responsable de ésa pérdida, ni tampoco de que el proyecto electoral deseado por el partido en el que milita no logró obtener lo planeado.

Campeche y sus 11 municipios han vivido transformaciones políticas y sociales. Pero un lento desarrollo, pues para impulsarlo, se requiere de dinero. Campeche merece el respeto de la Federación y sus gobernantes, el que no se demuestra cuando la empresa “de todos los mexicanos” ni siquiera cumple con la entrega de recursos convenidos en tiempo y forma.

La prudencia y el respeto a las instituciones han sido características de Campeche y sus mandatarios. Se ha pedido prudencia, paciencia, unidad y se ha brindado la confianza de que habrá mayor justicia para la entidad. La respuesta sigue a la espera.

No es posible determinar la política pública de un estado en base al resultado electoral logrado. No se debe. Pero tal parece que si se puede. El rechazo a la entidad no sólo inquieta y preocupa, desalienta y genera impotencia en el ánimo de la ciudadanía que harta está de las promesas incumplida. De ver crecer a dos gigantes a su lado. Si todo esto es equívoco, sólo gustaría saber el por qué mantener la discriminada actitud de la Federación hacia la entidad. Y por supuesto, surge la pregunta, si es distinta la respuesta… ¿Sr. presidente… por qué no quiere a Campeche?.